Panceta, una tierna historia

Ayer conocí a Panceta. Sus recién pintadas pezuñitas, avisaban de su inmediata aparición en escena, nada más verlo, me pareció gracioso, radiante de felicidad, impetuoso. Sus movimientos (algo descoordinados) aún lo hacían más tierno, si cabe.

Este cerdito, ha sido tutelado por una panda de amigos en su local. Quizás esta idea (algo descabellada), muy propia de la juventud, está dando sus frutos.

Panceta, se está convirtiendo en un cerdito urbano. Ha cambiado la ansiada anatomía de su progenitora por: una bolsa de goma, de las de casa, con su agua calentita, un biberón que (aparece, como por arte de magia) de una cajita encantada detrás del sofá, unos besos y abrazos amorosos de sus arriesgados cuidadores, en fin, todo ello, acompañado de una euforia desmedida. Juventud: divino tesoro. La educación de Panceta, seguro que no será la adecuada (pensaría su madre), aunque para alguno de sus hermanos fuera la envidia. Fue aprendiendo los nombres de sus tutores: Esther, Jesús, Chille, Fernando, etc. Por muy raros que le parecieran, se lo pasaba genial con ellos, por lo que debió agradecer en esa etapa de su vida, haber sido el resultado de un regalo de cumpleaños entre colegas, ¿regalo (alocado, genial,inconsciente)?: tal vez, pero en el recuerdo quedará siempre, la tierna historia de un cariño de los de verdad, de los que marcan.

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