Asistimos al colapso por masificación de la alta velocidad en España, donde el mantenimiento de las infraestructuras parece haber quedado relegado a un segundo plano. La analogía es clara: pretender que un ordenador de primera generación de mediados de los setenta ejecute software actual resulta absurdo, por más que intentemos maquillarlo con inteligencia artificial. Del mismo modo, resulta insostenible someter una infraestructura ferroviaria diseñada en los años noventa —como la línea inaugural Madrid-Sevilla de 1992— a un tráfico incesante de convoyes a casi 300 km/h sin un mantenimiento exhaustivo. Redoblar las frecuencias por meros réditos políticos, ignorando el criterio técnico, es una imprudencia.
En este temerario pulso donde se arriesga la vida de los viajeros, los sistemas de seguridad y su control operativo han quedado desbordados y obsoletos. Un modelo acelerado, sobredimensionado y sobrecargado exige un precio inaceptable cuando las vidas humanas se convierten en el coste colateral de la irresponsabilidad y el egocentrismo político.
La Nueva España-Diario de Asturias 31-10-2026. Edición digital.