Se cumplen exactamente dos años desde que me ayudaron a aferrarme a la vida. La ciencia es esa fuerza impulsada por la curiosidad de entender nuestros orígenes y desafiar nuestros límites. ¡Bendita sea por otorgarme el tiempo
necesario para comprender su magnánima importancia, su compasión y su profunda humanidad!
He decidido alterar el orden de este relato para poner en primer lugar a quien lo hizo posible: la persona que me donó sus pulmones. Gracias, millones de gracias allá donde te encuentres, amigo. Si vivir ya es un regalo, tú y la ciencia son la ecuación perfecta del milagro.