Como la sutileza que invade el aroma primaveral, provocado por el perfume que queda
impregnado en el aire cuando el almendro nos deleita con su eclosión, así se acerca, un día cualquiera, nuestra amiga inseparable: la muerte. Oh, enemiga de la juventud y amiga de la vejez. Cuán inoportuna te haces cuando te llevas a una persona joven, enamorándola con tanto poder y arrancándola de cuajo de las entrañas que le dieron el ser. No puedo hacerte del todo responsable de esta atrocidad, pues también tienes piedad en otros trances, en donde consigues aliviar el dolor de los que padecen la agonía de la vejez, inmersos en la desesperación de la tardía partida. Oh, muerte, compañera inseparable de la vida, calma nuestro desconcierto y acércate a nosotros con más vehemencia, e imprégnanos de esa sabiduría que disipas cuando tu verdad encaja por encima de la ingenuidad del saber.
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Publicaciones:
La Nueva España-Diario de Asturias 10-03-2014
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