El inebitable Harakiri

El astro sol ya no me calienta. El agua ya no me calma la sed. El sueño ya no me acompaña en la soledad de la noche. Mi corazón ya no late al ritmo de mis ganas de vivir. El canto de los pájaros ha enmudecido. Las nubes ya no forman figuras en el cielo. Las estrellas ya no brillan. Los campos están secos y ya no florecen en primavera. El amor se aleja por el horizonte. Las lágrimas ya no descienden por las mejillas. No hay tacto, olores, sabores…
Cómo, la resbaladiza muerte, eterna compañera de fatigas, se encarga de hacerme el harakiri, al vertiginoso ritmo que su sibilina voluntad decida.


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La Región 13/01/2024 Orense. Edición impresa

 

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