A la vez que cada día estamos más solos, más ganas tenemos de abrazarnos; somos así de contradictorios. Hay una distancia invisible en nuestra convivencia que se retroalimenta del odio hacia nosotros mismos y, por supuesto, hacia los demás. No paramos de idear sistemas que satisfagan esa parte inadaptada de nuestra estructura —rebelde en nuestro subconsciente— para así diseñar la careta que nos ponemos a diario, ocupando un lugar que no nos corresponde biológicamente aquí en la tierra. De esta guisa, ese mundo ideal y fantástico, que está soterrado bajo la mal llamada consciencia y que navega hacia una felicidad inexistente, sucumbe ante el tsunami de nuestra antinatural existencia.
El Universo 15-04-2026 Guayaquil -Ecuador Edición digital
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La Nueva España 16-04-2026 Oviedo Edición digital
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Dario Palentino 8-9-2026. Palencia. Edición impresa